Ayer, mientras que caminaba por la calle, escuché una conversación preciosa entre una madre y su hijo pequeño a la salida del colegio:
- ¿Te ha gustado el sandwich?
- Si, mamá. Me ha gustado mucho.
- ¡Qué bien, hijo!, ¿prefieres el bocadillo normal, o comer cosas distintas?
- Comer cosas distintas. Eso me gusta mucho.
- Entonces variaremos los almuerzos que te lleves al cole. ¡Genial! Oye, y ¿qué tal te lo has pasado en el recreo?
- ¡Muy bien!, he jugado con todos mis amigos...
- Y... ¿a qué habéis jugado?...
Toda esta conversación, y sobre todo el amor y ternura que se desprendía de las palabras de los dos, tiene un valor importantísimo en la educación y crianza de este niño. ¿Por qué? porque esta madre le ha enseñado varias cosas a su pequeñín:
- AFECTO. Al demostrar interés por los gustos, juegos, experienciad de su hijo, ese niño se ha sentido valorado, querido, sostenido, y tenido en cuenta. A nivel emocional ésto no tiene precio.
- PREGUNTAR ADECUADAMENTE. Esta mamá no ha hecho preguntas únicamente de sí o no. Ha dado la posibilidad de elegir entre varias respuestas (opción múltiple), y también ha empleado la pregunta abierta. Sobre todo esta última permite que el pequeño se extienda en su explicación, que rememore las vivencias, que se abra a su madre. Además, esta mamá continuaba preguntando acerca de lo que su hijo le contaba. ¡Fantástico!
- INTELIGENCIA EMOCIONAL. Otro de los aprendizajes que este pequeño seguramente haga gracias a esta madre, es el de valorar a los otros/as, tenerles en cuenta, interesarse por sus experiencias y gustos... No está nada mal, ¿verdad?





